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La victoria de Lula en Brasil : cuestiones y perspectivas desde la Argentina

jeudi 7 novembre 2002

Como es lógico, la reciente victoria electoral de Lula ha provocado un enorme impacto en todo el mundo y sobre todo en nuestro país, la Argentina. No es exagerado afirmar que, para la política y la economía nacional, se trata de un asunto interno y no externo.

Las razones van más allá de la geografía y de la historia. Brasil es el país más importante de América Latina y lo que suceda allí tiene una influencia directa en todos los otros, sobre todo en los limítrofes. Brasil y Argentina tienen no solo fronteras comunes ; son la columna vertebral del Mercosur. Están asociados, o tienen en cambio intereses conflictivos, en una multitud de temas y asuntos. Pero en este caso, se trata de una cuestión más directa e inmediata. El Brasil y la Argentina comparten ahora la crisis económica y financiera, aunque cada uno tiene un cierto grado de autonomía. Los procesos políticos tienen, a su vez, sus denominadores comunes, que vamos a examinar enseguida. La Argentina fue un tema recurrente en la campaña electoral brasilera. En algún momento, para explicar su política, Lula afirmó que el Brasil no era una republica bananera como la Argentina. Después se disculpó diplomáticamente pero, de hecho, cada paso político o económico en el Brasil es medido con el rasero de lo que sucedió o sucede en Buenos Aires. Los grandes personajes de la política y los negocios de nuestros país hicieron conocer sus opiniones sobre el proceso electoral en el Brasil y las perspectivas de Lula, desde Duhalde para abajo. Lula realizó su ultimo mitin electoral con la presencia de Víctor de Genaro y una de las primeras declaraciones que efectuó, como presidente electo, fue para dar sus consejos de ganador a Ibarra, Carrió y de Genaro. Como se puede ver, los intercambios van en los dos sentidos. Es claro que la comparación tiene sus limites. El fenómeno político del Partido de los Trabajadores, que resulta clave para entender lo que sucede en el Brasil, no tiene ningún equivalente en la Argentina. Pareciera que en la CTA están discutiendo ahora la posibilidad de proclamar un "partido de los trabajadores" en la Argentina. Es posible que la dirección de la CTA cogite al respecto sobre todo si puede ser un pasaporte para el poder y el gobierno pero no hay ninguna similitud entre un grupo de dirigentes sindicales agotados y desgastados que han ido de aventura en aventura y el núcleo inicial del Partido de los Trabajadores en los suburbios de San Pablo, hace más de 2 décadas. El proletariado brasilero llega a este momento histórico de la victoria electoral de Lula con un enorme potencial social, una gran experiencia política, una tradición combativa de décadas, desde la caída de la dictadura militar, sin equivalente en ningún otro país de América Latina, sobre todo en Méjico y la Argentina. No hagamos por lo mismo conversaciones fáciles sobre Lula y su triunfo. Pero evitemos sobre todo las tonterías sobre las "expectativas", las "posibilidades", cuando no sobre las hazañas de nuestro héroe continental y nacional. Lula viene a ser el salvador de la izquierda argentina, si uno lee Página 12, pero también el Clarín, si le permitieran un cambio de nacionalidad. Los militantes argentinos tenemos una responsabilidad especifica para analizar lo que pasa en el Brasil y expresar nuestras opiniones al respecto, porque lo podemos hacer a partir de una experiencia rica y paralela, en muchos aspectos, y porque lo que pase en cada uno de nuestros dos países influye decisivamente en el otro. Conviene a su vez fijar los limites de lo que esta sucediendo. Por ahora por lo menos, se trata de una victoria electoral, importante e impresionante cierto, pero que no ha cambiado todavía absolutamente nada, más que el personal político que va a ejercer el poder. Por ejemplo, guardémonos de toda comparación (y Lula es el primer interesado en hacerlo, por razones muy diferentes) con la llegada de Fidel a la Habana el 1° de enero de 1959. La victoria electoral de Lula no tiene tampoco el nivel de epopeya de la de Allende en 1970. Su grado de ruptura con el orden establecido no se asimila al de otras situaciones en América Latina, incluso en el Brasil de Getulio Vargas o Joao Goulart. Por el momento, como dice la corresponsal de Clarín en San Pablo, hay más continuidad que ruptura. Avancemos un poco más. Sabemos, por nuestra experiencia histórica, que este tipo de victorias electorales suele terminar en un desastre completo y algunas veces en una tragedia, que deja sus huellas durante décadas. En Chile, después de 1970 tuvimos 1973 ; en la Argentina, después del 11 de marzo de 1973, tuvimos Ezeiza ; más cerca de nosotros, Chávez esta recogiendo la crisis y el retroceso y, en otras zonas del mundo, Jospin -que era el maestro estratégico de Lula- ganó en 1997 y perdió frente a Le Pen en el 2002. Para conjurar este sino negativo y trágico, Lula afirma que el no va a desarrollar ninguna política de izquierda, que justifique los ataques de la derecha. Esta afirmando que, en realidad, su victoria es superflua e inútil y hasta podría ser entendida como una superchería. Es un consuelo bastante torpe. Veamos este proceso con un ojo algo más critico y es aquí donde nos interesan las similitudes y comparaciones con la Argentina. Existe una crisis generalizada en América Latina de los gobiernos que sostienen y aplican las políticas pro imperialistas, lo que se ha dado en llamar el modelo neoliberal, el consenso de Washington, los programas de ajuste estructural del FMI. Los gobiernos democráticos y democratizantes que tuvieron la tarea de implementar estos programas 10 anos atrás, luego del derrumbe de las dictaduras militares, con el respaldo y el poder de estructuración del imperialismo norteamericano, están desapareciendo de la escena, de buena y de mala manera. América Latina, de una manera desigual, país por país, ha entrado en una nueva etapa política y económica. El gobierno de Cardoso se derrumbó literalmente, sumergido por los problemas de la deuda externa, la presión del imperialismo, el empobrecimiento del país, las ocupaciones de tierras. De la misma manera, se había derrumbado el gobierno de De la Rua en las elecciones del 2001, como se derrumbo el gobierno del Ecuador, como tuvo que huir Fujimori, como perdió las elecciones el PRI en Méjico, etc. La tendencia es al derrumbe de los regimenes políticos, por la sencilla razón de que estos regimenes tienen que integrar los enormes costos del sometimiento de cada país al imperialismo. Por ejemplo, cada ano se deben pagar miles de millones de dólares por la deuda externa. Prácticamente no hay régimen político que resista. Ni el de Chile es una excepción. Derrumbe de los regimenes políticos en general, disgregación brutal del centro-izquierda en particular. Esta crisis política tiene nombre y apellido : la quiebra del centro izquierda. Demás esta decir que esta denominación esconde fenómenos de naturaleza muy diversa, desde el FREPASO en la Argentina hasta el Partido de los Trabajadores en el Brasil. Sin embargo, tiene un denominador común. Partido políticos de base popular, de raíces históricas en el movimiento obrero, algunas veces de militancia heroica y sacrificada, se hacen cargo completamente de la política del imperialismo y de los capitalistas y se deshacen desde el interior, porque pierden toda función histórica propia. Podemos decir al pasar que hay aquí un rasgo común entre Europa y América Latina, entre Jospin y Cardoso, entre el PS de la rue de Solferino y el PT. Hasta aquí hemos subrayado las similitudes. Se puede decir, forzando un poco los rasgos, como en una caricatura, que si De la Rua se parecía a Cardoso, Lula sintetiza características del FREPASO y de Duhalde. Que llama la atención en el nuevo presidente del Brasil ? Diversas cosas. El vigor del movimiento histórico y político que lo lleva al poder. El Partido de los Trabajadores es una realidad profunda del país y que se esta preparado para el poder desde hace más de 10 años, ganando Municipios tan importantes como San Pablo (que tiene en si más peso que variados países de América Latina) y Estados (provincia para la Argentina) de tanto peso como Río Grande do Sul, que ahora acaban de perder. Como vimos, el FREPASO y la CTA son un puro fuego de artificio, en comparación. Desde otro punto de vista, lo que llama más la atención es la absoluta ausencia de programa propio de Lula y el hecho que ha consumado todas las concesiones que se podían sospechar antes de llegar al gobierno, y no después como era habitual. Si se repasan los discursos e intervenciones recientes del presidente electo, no se aprende absolutamente nada sobre lo que va a hacer una vez que se instale en Brasilia. Lo que sabemos concretamente es que aprobó el reciente acuerdo con el FMI y que firmo el mismo, con mucha pompa, otro acuerdo con la gran patronal de San Pablo. Son las únicas medidas concretas que ha prometido : disminuir el gasto publico, pagar la deuda, tener un Banco Central autónomo… Que lo pueda hacer, y en que condiciones, es harina de otro costal. Rara vez un gobernante llega al poder en América Latina con un nivel tal de compromisos con el imperialismo y el gran capital. Se suele afirmar que el programa de Lula es "reformista". Pensamos más bien que se trata de un error de perspectiva. De Allende podía decirse que tenia un programa reformista, nacionalización del cobre, de los bancos y de la gran industria, y medidas similares, y que como todo reformista subordinaba la aplicación del mismo a la estabilidad general del sistema. Pero al menos intentaba su aplicación. De Lula no se puede afirmar nada igual. Si su programa original, sancionado por el Partido, se ha perdido como un resto arqueológico, mientras el candidato adoptaba el saco, la corbata y el publicista mejor pagado del país, su nuevo programa de gobierno no es otra cosa que la sanata habitual de los "hombres políticos responsables, adehesado con invocaciones a la pobreza y al Mercosur. El presidente del MST, Movimiento de los Sin Tierra, definió muy bien la situación. Lula puede ser un nuevo De la Rua, afirmo, y la única forma que tenemos para defendernos de esta siniestra perspectiva es mantener y acrecentar nuestra autonomía. A pesar de las presiones que hemos recibido del PT, no vamos a suspender las tomas de tierras. He aquí la clave de la situación. No esta en la voluntad de Lula, que ya esta comprometida, sino en la capacidad del movimiento obrero, de los campesinos sin tierra, del movimiento estudiantil, de salvaguardar su autonomía en relación al nuevo gobierno, de mantener la lucha por sus reivindicaciones, de no someterse al chantaje de los nuevos inquilinos de los Ministerios : hay que evitar las provocaciones, no le demos pretextos a la derecha, gobernar no es lo mismo que ser oposición. Cuantas canciones repetidas mil veces, que siempre producen los mismos efectos, dadas las mismas causas. El 19 y 20 de diciembre del 2001 se produjo un acontecimiento verdaderamente revolucionario en las calles de Buenos Aires : el punto final de un gobierno entreguista y democratizante fue provocado por la movilización popular, por la presencia en la calle de centenares de miles de manifestantes. Puede decirse que, desde entonces, un fantasma recorre Argentina, Brasil y los otros países de América Latina, el fantasma de Buenos Aires y de la caída de los gobiernos centro izquierdistas y neoliberales. Si se repitiera, todo el continente puede ser presa de las llamas. Por ahora, gracias a las elecciones, Cardoso evitó este triste final pero la pelota pegó en el poste. Lula evidentemente lo va a retardar.

¿De cuanto tiempo ?

¡Que se vayan todos ! La lucha en la Argentina continua con esta orientación. Y lo que pase en nuestro país puede acelerar el proceso en el Brasil y permitir que se evite allí la descomposición que conocimos nosotros en la década del 90. Sería una buena lección.